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Traumatología Deportiva

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Las lesiones deportivas han aumentado en los últimos años debido al aumento del número de practicantes, a la exigencia a la que en ocasiones se somete al cuerpo y al incremento de la edad de los practicantes de las actividades deportivas. Existen algunas lesiones que se producen por traumatismos o accidentes (fracturas, luxaciones, roturas fibrilares, etc…). La mayoría de las lesiones son debidas, sin embargo, al sobreuso continuado que se hace del aparato locomotor (tendinitis, sobrecargas, etc…).

La actitud tradicional de la Traumatología y la Cirugía Ortopédica ha sido considerar la práctica deportiva a nivel de aficionado como algo prescindible. Muchas veces la primera recomendación que recibían los pacientes era el abandono de su deporte favorito. La práctica regular de ejercicio se considera ahora recomendable para la salud física y emocional de cualquier persona, por lo que la recuperación funcional del paciente se merece el mismo cuidado que el deportista más profesionalizado. La traumatología deportiva ha avanzado mucho en los últimos años, haciendo diagnósticos más tempranos, recomendaciones más precisas, y en ocasiones intervenciones quirúrgicas que permiten continuar con la práctica deportiva de quienes las padecen.

 

Tratamiento en deportistas jóvenes

Las lesiones musculo-esqueléticas producidas durante la práctica deportiva en estas edades tiene connotaciones diferenciales con respecto a los adultos. Por una parte radican en sistemas inmaduros, más sensibles a impactos y lesiones por sobrecarga. Por otra parte, el potencial biológico de regeneración de los tejidos es mayor y más rápido que en el adulto, por tanto, la curación suele ser más rápida y completa.

Una lesión característica del esqueleto infantil y juvenil es la lesión del cartílago de crecimiento, médicamente se denominan epifisiolisis. Los cartílagos del crecimiento son puntos no osificados de los huesos, por lo muchas veces las fracturas infantiles ocurren en estos puntos débiles. Las lesiones del cartílago del crecimiento requieren un tratmiento específico y cuidadoso, porque pueden alterar el desarrollo posterior del hueso afectado.

A nivel aficionado, muchas veces es preciso modificar o reconducir la práctica deportiva, porque algunos pacientes tiene mayor prdisposición a padecer determinadas lesiones, que pueden reducir mucho el rendimiento y las expectativas futuras del deportista, que acaban en una retirada precoz de una prometedora carrera. Cada vez es más común ver casos de niños y adolescentes con una importante presión familiar, o de su ambiente cercano, para incrementar el rendimiento deportivo como salvación de la situación económica o social de la familia. Estos deportistas deben ser aconsejados especialmente para la planificación de su futuro deportivo. Luchar contra la naturaleza a veces sólo consigue frustración, y en edades juveniles se pueden establecer nuevas rutinas deportivas adaptadas al físico del paciente, con gran posibilidad de éxito.

 

Tratamiento en deportistas adultos

Las lesiones deportivas más comunes en el adulto afectan tanto a los músculos, como los tendones, los ligamentos y los huesos.

Las fases en la evolución de cualquier lesión (herida, fractura, esguince,…) son las siguientes:

Inmediatamente a  un traumatismo, existe una rotura de estructuras, incluidos vasos sanguíneos, con sangrado, hematoma e inflamación. La duración temporal de esta fase varía dependiendo de los tejidos implicados, tipo y gravedad de la lesión.

Casi al mismo tiempo y solapada a la fase inicial, la reacción inflamatoria inicia la fase de estimulación celular, de células madres, fibroblastos…, que son “los obreros” que van a aportar nuevos materiales (matriz extracelular, fibras de colágeno, tejido óseo,…), necesarios para la reparación.

El acúmulo de células y tejido es lo que forma la “cicatriz” (o el callo óseo en las fracturas). La fase final es la remodelación y maduración del tejido cicatricial. Aquí se produce la adaptación de los tejidos a los requerimientos biomecánicos, eliminando el tejido producido en exceso y se alinean las fibras y la resistencia  del tejido a la líneas de fuerzas a las que es sometido.

Estas fases generales que suceden en mayor o menor grado durante la curación de cualquier tejido dañado, tienen características diferenciadoras dependiendo de la edad de los deportistas, si el traumatismo es de alta o baja energía, si radica en tendón, músculo o hueso.

El predominio o ausencia de alguno de estos procesos durante la  curación  dependerá del tratamiento aplicado desde la aparición de la inflamación, de aquí se deduce que no debemos intentar bloquear la inflamación sino encauzarla (concepto actual de biorregulación de la inflamación).

La aplicación de frio local tiene un efecto analgésico y reduce la inflamación. A partir de ese momento  la aplicación de calor local incrementa la capacidad de curación al aumentar la vascularización en el foco de tejido lesionado.

Las medidas medicamentosas, fisioterapia, son realizadas durante las fases de curación una vez terminado el proceso curativo. La readaptación deportiva se hace necesaria para la vuelta al deporte tras una completa recuperación de la movilidad articular y la potencia muscular.

 

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