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Lesiones musculares

Rotura fibrilar

El músculo se desarrolla en respuesta al entrenamiento y se atrofia cuando existe excesivo reposo o es inmovilizado.

Las lesiones musculares son muy frecuentes en el deporte y aunque no suelen ser graves, deben estudiarse y tratarse con seriedad, ya que la complicación más frecuente es la recaída, muchas veces por la impaciencia propia del deportista. Pueden comprometer los plazos de recuperación, las competiciones planificadas y desesperar al paciente que las sufre.

La historia de dolor brusco (tirón) e impotencia para continuar con el ejercicio es diagnóstico de rotura muscular. No siempre existe hematoma evidente en la piel, y si aparece suele ser pasadas varias horas o algunos días.

La rotura muscular es común en gestos explosivos, velocidad y cambios de ritmo. Son más frecuentes en deportistas mayores, y en aquéllos que tiene menos práctica deportiva o cometen fallos en la preparación del ejercicio. Los músculos más frecuentemente lesionados son el gemelo y sóleo, los isquiotibiales, el recto anterior del cuádriceps y el adductor mayor. Pero las roturas musculares pueden verse en cualquier músculo del miembro inferior, en los abdominales o en la musculatura del brazo.

La rotura del gemelo es tan frecuente en deportes de raqueta que en literatura inglesa recibe el nombre de "tennis leg". El sóleo sufre en los corredores de mediofondo y fondo, y los isquiotibiales son más habitualmente dañados en velocidad y vallas. El recto anterior del cuádriceps se lesiona mucho en los jugadores de fútbol.

Se habla de tres grados de menor (grado I) a mayor gravedad (grado III). Las pruebas de imagen permiten establecer el pronóstico y el plan de tratamiento. La ecografía es más económica y dinámica, pero su valoración es más dependiente de la experiencia del que la realiza. La resonancia magnética permite un mejor detalle anatómico y ver el edema muscular producido por la lesión.

En lesiones leves-moderadas (la mayor parte) el reposo solamente es necesario en las primeras 48-72 horas. En ese período se pone frío y si es necesario se inmoviliza la zona.

Posteriormente es mejor un movimiento controlado, no doloroso. Deben empezarse por ejercicios sin carga como la natación o la bicicleta lo antes posible.

La fisioterapia es muy importante para acelerar la recuperación. Se utilizan técnicas de drenaje, se aplican técnicas que faciliten la cicatrización, y posteriormente se va relajando la zona y se favorece la vuelta a la normalidad.

Todo lo anterior es incompleto si no se hace un fortalecimiento progresivo posterior y una reeducación de la actividad, previo al regreso a la actividad deportiva habitual. Este aspecto con frecuencia se olvida, y es causa frecuente de recaídas.

Entre las complicaciones de las roturas musculares, además de las rerroturas, podemos citar la formación de una cicatriz dolorosa, el encapsulamiento de un hematoma o su calcificación.

Debemos recalcar la importancia de la prevención que básicamente consiste en el trabajo de fortalecimiento muscular, el estiramiento posterior al esfuerzo, el descanso, el masaje, la correcta hidratación y alimentación, en definitiva todo lo que se ha venido a llamar el “entrenamiento invisible”.

            

Sindrome compartimental crónico

Los músculos del cuerpo se agrupan en compartimentos que están envueltos en un tejido conjuntivo que hace de funda de los mismos y que se llama fascia. Cuando hacemos un ejercicio los músculos trabajan y reciben un mayor flujo sanguíneo, aumentando su volumen. La capacidad de distensión de la fascia que envuelve el músculo es limitada, y en algunos casos puede aparecer dolor en relación con el ejercicio, debido a un proceso en los que la presión dentro del compartimento es superior a la normal, impidiendo la normal circulación sanguínea del músculo. Con el reposo la presión se normaliza, y el dolor desaparece.

Es un fenómeno más frecuente de lo que podría parecer. Los compartimentos asiento de este síndrome más habituales son los de la pierna y los del antebrazo. El síndrome compartimental crónico posterior de la pierna se da sobre todo en corredores. El dolor de la pantorrilla no permite continuar con la carrera. El dolor va apareciendo con el ejercicio, empeora si se mantiene el ritmo, y solo mejora al parar. Puede ser superficial cuando afecta al compartimento que aloja a los músculos gemelos, o profundo, si afecta al tibial posterior y a los flexores de los dedos.

El más común se ve en corredores de fondo y marchadores, es el síndrome compartimental anterior de la pierna, que afecta al músculo tibial anterior que hace extensión del tobillo en cada paso al marchar. A veces los síntomas se confunden con los de “periostitis”.

El síndrome compartimental crónico del antebrazo lo padecen deportistas como los motoristas o los escaladores que realizar esfuerzos continuados con dicha musculatura.

En fases iniciales el tratamiento conservador puede ser útil, antes de que sea realmente un problema crónico. Puede ayudar el masaje y los estiramientos, el reposo relativo del grupo muscular, el frío, y alguna otra técnica de fisioterapia. Si el paciente no mejora, los síndromes compartimentales crónicos requieren tratamiento quirúrgico que consiste en una fasciotomía. En esta intervención la fascia es abierta para que deje de comprimir al músculo afectado. A través de pequeñas incisiones se abre la fascia y el proceso de recuperación es relativamente rápido, una vez retirados los puntos se puede comenzar con el ejercicio de nuevo de forma progresiva. Los resultados son buenos y solamente en algunos casos se producen recidivas.

 

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